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Embajador cubano ante la Santa Sede: mentira, fraude y sangre de mártires

Del punto de vista constitucional, la "libertad" de los católicos cubanos se restringe, en el mejor de los casos, a la que tiene un prisionero para andar "libremente" en el patio de la prisión y, colaborar con el funcionamiento interno de ésta. Es uno de los mayores "embargos" o "bloqueos" internos contra un pueblo entero, en la Historia de los siglos 20 y 21.

por Redazione - Miércoles 10 de marzo de 2010 - 1703 letture

El 8 de febrero de 2010, la agencia católica Zenit publicó una extensa entrevista al nuevo embajador de Cuba comunista ante la Santa Sede, Eduardo Delgado Bermúdez.

Se trata de declaraciones marcadas por la mentira y el fraude, algo que continúa caracterizando a los dirigentes de un sistema ideológico calificado como "satánico" e "intrínsecamente perverso" por Pio XI, y como una "vergüenza de nuestro tiempo" por el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.

En una parte medular de sus declaraciones, el embajador Delgado afirma que "en Cuba existe libertad religiosa", añadiendo que "la Constitución, en el artículo 55, dice que se reconoce, respeta y garantiza la libertad de conciencia y de religión".

El artículo 55 de la Constitución cubana, efectivamente, dice que el régimen comunista "reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa". No obstante, la referida frase, como el silbido hipnotizante de la serpiente, prepara a las víctimas para la picadura y el estrangulamiento. En efecto, pocas líneas más abajo, el artículo 62 se encarga de retirar lo que en apariencia se acaba de conceder, advirtiendo que "ninguna de las libertades" constitucionales puede ejercerse "ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo (sic) cubano de construir el socialismo y el comunismo". Y se añade, en una amenaza explícita, que "la infracción de este principio es punible".

En reciente artículo "Benedicto XVI: ¿’beatificación’ del internacionalismo castrista?", me vi en la dolorosa obligación de conciencia de comentar el sorprendente discurso papal de recepción de cartas credenciales del embajador Delgado Bermúdez (cf. Destaque Internacional, Enero 06, 2010, www cubdest org substituyendo los espacios por puntos). Allí tuve oportunidad de comentar que el artículo 62 de la Constitución constituye un implacable "torniquete" jurídico-penal contra todas las "libertades", inclusive y principalmente la "libertad religiosa", que la Constitución cínicamente ofrece a los desdichados habitantes de la isla-cárcel.

En Cuba, del dicho al hecho nunca ha habido mucho trecho. Esa amenaza de "punición" se ha hecho realidad contra los fusilados en el "paredón"; contra centenas y millares de opositores que han pasado por las mazmorras del régimen; contra tantos otros presos políticos que permanecen en ellas; contra las Damas de Blanco, que son madres, esposas y hermanas de prisioneros políticos, humilladas y apaleadas en las calles de La Habana; e inclusive recientemente contra jóvenes blogueros de la isla.

Por lo tanto, del punto de vista jurídico y constitucional, la "libertad" de los católicos cubanos se restringe, en el mejor de los casos, a la que tiene un prisionero para andar "libremente" en el patio de la prisión, colaborar con el funcionamiento interno de ésta, etc. Es la "violación institucional" de todos los derechos y todas las libertades, según expresión del católico, jurista y patriota cubano, Dr. Claudio Benedí, que configura uno de los mayores "embargos" o "bloqueos" internos, en la Historia de los siglos 20 y 21, contra un pueblo entero.

Lo que se acaba de ver salta a la vista. Sin embargo, esos artículos de la legislación cubana, de carácter persecutorio, no parecen atraer la atención de los observadores internacionales, inclusive de los diplomáticos vaticanos. Es un silencio enigmático que protege un aspecto medular de la fraudulenta política castrista con relación a los católicos cubanos.

Con sus declaraciones a Zenit, el embajador Delgado Bermúdez, que ocupó puestos claves en la cancillería cubana desde los primeros años de la sangrienta revolución, en particular, durante el extenso período en que Cuba comunista exportó la revolución sangrienta a América Latina, África y Asia, lanza de esa manera su ponzoña al tiempo que trata de cubrir al régimen comunista, y de cubrirse a sí mismo, con una piel de inocente cordero, negando terminantemente la existencia de persecución religiosa.

A este respecto, es oportuno recordar que en octubre de 1999, una delegación del destierro cubano entregó en la Secretaría de Estado de la Santa Sede una súplica de personalidades y dirigentes de las mayores entidades del destierro dirigida a Juan Pablo II, titulada "¡Santo Padre, rescatad del olvido a los mártires cubanos, víctimas del comunismo!" En ella, se solicitaba la apertura del proceso de beatificación de jóvenes católicos cubanos que murieron en el "paredón" gritando "¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo!", proclamas de fe y coraje que escucharon mis propios oídos y los de centenas de presos políticos apiñados en La Cabaña. El 14 de octubre de 1999, esa súplica del destierro a Juan Pablo II fue colocada en manos de un alto prelado vaticano, quien, en un gesto de benevolencia, llegó a firmar un protocolo de recepción del histórico documento.

Por otro lado, pocos saben que ya existe un beato cubano, martirizado por los comunistas durante la guerra civil española. Se trata del religioso agustino José López Piteira, nacido el 2 de febrero de 1912 en la ciudad de Jatibonico, Provincia de Camaguey, Cuba y martirizado el 30 de noviembre de 1936, en Paracuellos del Jarama, España. Detenido junto a un centenar de religiosos, no los quiso abandonar pese a que se hicieron gestiones diplomáticas para salvarlo por el hecho de ser extranjero. El 28 de octubre de 2007 fue beatificado en Roma, junto con otros 498 mártires víctimas del comunismo español.

Se espera también la beatificación de otro cubano y religioso de la Orden de San Juan de Dios, Jaime Óscar Valdés, martirizado por los comunistas el 7 de agosto de 1936, tras ser arrancado por milicianos revolucionarios del asilo-hospital de la Malvarrosa, en Valencia, donde llevaba trabajando 22 de sus 45 años de vida.

Pocas cosas podrían ser más necesarias, en el actual contexto, que recordar la memoria de los jóvenes mártires católicos cubanos que murieron fusilados ya no en España sino en la propia Cuba comunista. La sangre de mártires siempre fue semilla de nuevos cristianos. Cuba y el destierro necesitan semillas de las cuales broten auténticos cristianos, para superar 50 años de mentira y fraude comunista, y honrar la sangre derramada de sus mártires de la fe.

Por Armando F. Valladares


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