Por Armando F. Valladares
El próximo 26 de marzo S.S. Benedicto XVI llegará a la isla-cárcel de
Cuba para una visita de tres días. El dictador Raúl Castro prometió
que el Pontífice será recibido con "afecto" y
"respeto"; y se apresuró a anunciar el indulto de 2.900
presos, de los cuales solamente 7 son presos políticos. Por su parte,
el portavoz de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, declaró que
Benedicto XVI "desea mucho" conocer Cuba y que ese viaje
será "ciertamente" uno de los principales acontecimientos de
2012.
Es explicable que el anuncio de la visita papal a un país subyugado por
un régimen comunista, especialmente cruel y represivo, que acaba de
cumplir 53 interminables años, despierte sentimientos de esperanza en
el sentido de que contribuya a obtener la libertad de 11 millones de
cubanos.
No obstante, similares expectativas se abrieron en 1998 por ocasión del
viaje a Cuba de S.S. Juan Pablo II; pero el régimen supo capitalizar
publicitariamente la visita, lo cual contribuyó para que los jerarcas
comunistas continuasen en el poder. Esa constatación provocó en no
pocos defensores de la libertad, contrarios al socialismo, una
desilusión y un sentimiento de frustración que se prolongan hasta hoy.
En estos momentos, la natural preocupación de muchos cubanos, de la
isla y del destierro, es que una situación similar pueda repetirse con
este segundo viaje de un Pontífice a Cuba. El propio secretario de la
Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), monseñor José Félix
Pérez Riera, reconoció que el viaje de Benedicto XVI podrá traer para
el desdichado pueblo cubano un "respiro de libertad", pero
se apresuró a descartar consecuencias políticas de la visita papal.
Los Pastores cubanos se han encargado de mantener, durante las últimas
décadas, una lamentable y persistente política de colaboración con los
Lobos que oprimen al rebaño.
Esa natural preocupación de numerosos cubanos se ve confirmada por el
hecho de que, ante la perspectiva del viaje papal, el régimen esté
anunciando cambios "cosméticos" que impresionan a ciertos
ingenuos o desconocedores de la realidad cubana, pero que en el fondo
no modifican la naturaleza criminal del régimen.
Hasta hace pocos días existía, por ejemplo, la expectativa de que el
gobierno comunista levantara o atenuase la severa prohibición de
entrar y salir libremente de la isla, lo cual configura uno de los
motivos por los cuales Cuba continúa siendo una isla-cárcel. Pero el
propio Raúl Castro acaba de aplazar esa perspectiva de
flexibilización, reconociendo en la más reciente sesión de la Asamblea
Nacional que no puede ceder en ese punto medular porque con él está
indisociablemente en juego "el destino de la Revolución".
En materia de libertad religiosa, el régimen alardea, y los Pastores
aplauden, que la Constitución cubana "reconoce, respeta y
garantiza la libertad religiosa" (artículo 55). Pero poco o nada
se habla sobre la existencia del artículo 62 de la propia Constitución
que se encarga de retirar aquello que en apariencia se acaba de
conceder. En efecto, el referido artículo advierte que "ninguna
de las libertades" constitucionales puede ejercerse "ni
contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la
decisión del pueblo (sic) cubano de construir el socialismo y el
comunismo". Y se añade, en una amenaza explícita, constantemente
llevada a la práctica, que "la infracción de este principio es
punible". El régimen está dispuesto a tolerar solamente un tipo
de religiosidad que tenga efectos anestésicos sobre las conciencias,
una religiosidad que no deje al descubierto que el comunismo es una
doctrina diametralmente contraria a los Mandamientos de la Ley de Dios.
Esa preocupación de cubanos de dentro y fuera de la isla con las
perspectivas del viaje papal se ve reafirmada delante de las palabras
con las cuales Benedicto XVI recibió las cartas credenciales del
actual embajador cubano ante la Santa Sede. El Pontífice llegó a
elogiar el "internacionalismo" cubano, que en realidad fue
el instrumento responsable por tanta sangre y lágrimas derramadas en
América Latina y África. En la ocasión, el Pontífice destacó como
ejemplos de los pretendidos beneficios del internacionalismo cubano la
"alfabetización" y la "salud". No obstante, tal
como la propia Constitución cubana lo reconoce, y los hechos lo
comprueban, esos tan publicitados logros no son sino dos tenazas
satánicas de control psicológico, mental y social de niños, jóvenes y
adultos en Cuba y en otros países donde han sido aplicadas.
Por fin, esa preocupación se intensifica si se considera el
procastrismo demostrado por el Cardenal Tarcisio Bertone, actual
Secretario de Estado de la Santa Sede, durante tres viajes a la
isla-cárcel, el primero de ellos en cuanto Arzobispo de Génova, y los
dos más recientes en su condición de Secretario de Estado. Ya en su
primer viaje a la isla-cárcel, el Cardenal Bertone, después de una
larga entrevista con Fidel Castro, tejió loas a la "notable
lucidez" del tirano, expresó su convicción de que en él habría
"crecido el respeto por la religión" y el "aprecio por
la Iglesia", y remató, contrariando todas las evidencias, que en
la isla-cárcel "la apertura ya es total".
Quiera la Providencia evitar cualquier instrumentación de la visita por
parte de los actuales jerarcas del comunismo cubano. A propósito del
próximo viaje de Benedicto XVI a Cuba, son estas las primeras
reflexiones, sinceras y respetuosas que ofrezco a los lectores.
En cuanto fiel católico cubano, creo que tengo no solamente el derecho,
sino la obligación de conciencia de dar a conocer estas
consideraciones. Ya lo he dicho, y lo reitero en esta nueva coyuntura
de la vida de la Iglesia y de Cuba, que se aproxima. Tengo un
compromiso con aquellos jóvenes mártires católicos que murieron en el
"paredón" de la siniestra prisión de La Cabaña gritando
"¡Viva Cristo Rey! !Abajo el comunismo!", verdaderas
proclamas de fe, de heroismo y de martirio que aún resuenan en mis
oídos, y en los oídos de tantos ex presos políticos sobrevivientes de
La Cabaña, como si fuera hoy. Tengo, sí, un compromiso de honra con
mis amigos asesinados en la prisiones castristas; con la lucha por la
libertad de mi Patria; con la Historia; y, por encima de todo, con
Dios y con la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.
Armando Valladares, escritor, pintor y poeta. Pasó 22 años en las
cárceles políticas de Cuba. Es autor del best-seller "Contra toda
esperanza", donde narra el horror de las prisiones castristas.
Fue embajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibió la
Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del
Departamento de Estado. Ha escrito numerosos artículos sobre la
colaboración eclesiástica con el comunismo cubano y sobre la
"ostpolitik" vaticana hacia Cuba.